// El Hamlet de Shakespeare, de Müller y de la Patagonia

El grupo independiente “Baco Compañía Teatral” viajó desde Río Negro para presentar “Hamlet. La herencia de la carne” en la Fiesta Nacional del Teatro. El Centro de Expresiones Contemporáneas prestó su espacio para la función que se presentó ayer a sala llena.

                                                                                                                     Por Camila Pfeiffer 

El territorio del alma se confunde con el territorio del cuerpo. El territorio del alma ¿es la herencia de la carne?

El grupo independiente “Baco Compañía Teatral” viajó desde Río Negro para presentar “Hamlet. La herencia de la carne” en la Fiesta Nacional del Teatro. El Centro de Expresiones Contemporáneas prestó su espacio para la función que se presentó ayer a sala llena.

A partir del texto original de William Shakespeare y de fragmentos de “Máquina Hamlet” de Heiner Müller, Paula Tabachnik realiza su propia versión desde la dramaturgia y la dirección. El argumento coincide en los tres escritos: en un sueño el fantasma del Rey de Dinamarca le revela a su hijo (Hamlet) quién fue su asesino y le pide venganza; Hamlet ya no puede escapar a la realidad que ahora conoce, el desarrollo de los acontecimientos posteriores dependerá de él. Así se instala el dilema existencialista entre el ser y el deber ser, entre la persona y su entorno familiar, social y político. Además de explorar los temas de la traición y la corrupción desarrollados en la icónica pieza teatral, Tabachnik destaca la preponderancia del mandato familiar en la constitución del ser: el personaje principal termina asesinando y asesinado por cumplir el deseo de su padre; su profundo dolor se convierte en desmesura.

El equipo de Baco se enfrenta a la responsabilidad de encarnar una de las obras más influyentes del mundo: si ya todos saben qué va a suceder, ¿entonces cómo representar un clásico? La directora apuesta a un universo poético que trasciende lo real, dotado de imágenes y sonoridades no menos importantes que el texto tradicional. Parece ideado a partir de un sueño, donde el inconsciente lucha contra la barrera impuesta por el plano de la conciencia. Los personajes habitan un espacio escénico en constante movimiento y sincronía, al tiempo que transitan el deseo, la perversión y la muerte. La locura (tanto real como fingida) del protagonista es la llave maestra: no se oculta, se juzga ni se explica, simplemente se transforma en el motor onírico de la puesta.

El elenco está compuesto por Jorgelina Paravano (Gertrudis), Manuel Gutiérrez Arana (Hamlet), Rodolfo Fernández Lisi (Polonio), Lihue Vizcaíno (Ofelia), Emanuel Gallardo (Laertes), Lucila González y Emilia Linardi (bufonas). Fuera del escenario, Michay Fernández Quintero, Carolina Rodriguez, Marieanella Cáceres, Bille Vilches, Fernando Emner, Gaia Muñoz Rosberg y Cristián Busamia son los encargados de completar el universo shakespeariano. La escenografía es tan novedosa como simple, la elección musical es riesgosa pero acertada (incluso suena un tango) y las actuaciones corresponden a un registro contundente y despojado de ornamentos.

“Hamlet. La herencia de la carne” es la segunda producción de “Baco Compañía Teatral”, grupo de intérpretes autogestivo con sede en San Carlos de Bariloche. Desde su fundación, en el año 2014, se dedica de manera ininterrumpida al entrenamiento actoral a partir de los métodos de Tadashi Suzuki y Jerzy Grotowski.

Publicado el 16 de Mayo de 2018

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